El abogado del Diablo

“Mi novela está terminada, soy un fenómeno y el Universo entero querrá leerla” hemos pensado todos al acabar un texto, peeero… Es un error como una casa de grande. No te lances a publicarla ya, espera un poco.

Empieza por desayunar un poco de tu ego de escritor y pídele a alguien que revise tu maravillosa obra. Es posible que lo que tú das por sentado sea un espantoso galimatías para un lector que no te conozca y es más que probable que se te hayan escapado unos cuantos errores ortotipográficos.

Lo segundo es fácil de corregir y es normal (e incluso saludable) que ocurra porque escribir es soltar. Y cuando uno se suelta pues se suelta como le sale. Tampoco es tan grave que una novela recién salida del horno necesite algún “canbio” o un “repasi”, máxime si tenemos en cuenta que los teclados Qwerty no se pensaron para las normas de nuestro idioma (¿Qué mente sajona puso juntas B y V y M y N?) y probablemente tú escribas lanzado, a toda velocidad.

Lo primero es más serio porque ¿Y si he metido un personaje del que desarrollo mucho una excelente presentación y luego resulta que no sale más en la trama? ¿Y si he cometido algún error y me he olvidado un dato que era vital? ¿He sembrado las pistas necesarias, pero no excesivas, para que el lector comprenda la historia que cuento sin que se sienta engañado?

Recuerdo un libro antiguo llamado “Errores de guión, cómo cometerlos mejor”, que es casi imposible de encontrar hoy en día, que hablaba de todo esto: la sensación de estafa del lector-espectador, la intervención divina arreglalotodo, el “ha sido un sueño”… Y que me hizo ver lo complicado del asunto. En caso de que os interese el tema, hay un post excelente en el blog Filmofilias.

Ante toda esta inseguridad que nos puede invadir hay una solución: los lectores Beta. Un grupo de atrevidos y encantadores seres humanos que mirarán críticamente tu obra. Deben ser escogidos siguiendo una perspectiva práctica: gente habituada a leer que no sea de tu grupo íntimo ¿Por qué? Pues porque tu madre, tu novio, tu mujer o tu primo te dirán siempre “¡Ay! ¡Qué bien que escribes!” y no serán objetivos.

Es complicado encontrar un buen grupo de lectores Beta pero tampoco es imposible: conocidos de redes sociales, expertos en el género de tu novela y todo lo contrario, amigos no muy cercanos o el típico cuñado listillo que siempre tiene la ultima palabra (Sí, conviene meter uno de estos en el grupo para ver la opinión del público que no buscas pero que puede leerte).

Resumiendo: los lectores Beta tienen que ser el abogado del Diablo.

Un último consejo: no seas condescendiente contigo mismo y, sobre todo: si tienes que explicar algo del tipo “Ya, pero es que el personaje hace no-sé-qué…” a una duda o comentario ya puedes volver a reescribirlo.

Mima a tus lectores Beta, no te enfades con los comentarios que te hagan, escúchalos siempre. Ellos harán de tu libro algo mucho mejor.

Sigo escribiendo…

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One thought on “El abogado del Diablo

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