La duda

Estoy escribiendo mi tercera novela. No tiene nada en común con las dos anteriores –aunque prometo acabar las aventuras de esos locos apellidados McPhee en un futuro con un cierre a la altura– ya que es mi primera incursión en el género negro. El cambio es tan radical que incluso el título se va al extremo contrario: de los larguísimos “Antonio mato a Luis en la cocina con un hacha porque le debía dinero” y “Una conspiración mundial secuestró a mi perro para que yo no contara nada de lo que sabía” he pasado a una sola palabra.

El género negro me gusta, me divierte y apasiona como lector. Su casi natural machihembrado con el thriller me gusta más aún si cabe y creo que estoy escribiendo una historia con todos los elementos necesarios para que el lector la disfrute.

Pero tengo un problema.

Tengo que matar a uno de los protagonistas y no sé si voy a ser capaz. Intentaré explicarme sin revelar nada. Hay escritores que planifican sus obras al milímetro, durante mucho tiempo, y luego las escriben y hay autores que se sientan a escribir y dejan que la historia los lleve. Yo estoy a mitad de camino. Como guionista me gusta tener clara la estructura, la escaleta que se diría en TV y los puntos claves de la trama pero me encanta que las cosas se salgan de madre, que haya improvisación, al igual que sucede en un buen programa de radio o TV y en una novela que los personajes “hagan lo que tienen que hacer”.

En esta tercera había planeado inicialmente un determinado suceso que incluía la muerte de uno de los personajes (Al ser género negro tengo bastante sangre encima de las teclas ya y no me asusta) pero me encuentro con que le tengo cariño, mucho y me gustaría darle otra oportunidad.

No se trata de salvar a ese personaje para planear una secuela, no. Esta historia me gusta tal cual es y si me quejo como espectador de que tal serie ha sido alargada innecesariamente por los productores, como indie puedo hacer lo que me de la gana y eso incluye no sentirme obligado a escribir una segunda parte.

No es eso.

¿Qué hago? Me mantengo fiel a mi plan original o improviso dado que la historia me lo permite.

No lo sé pero la terapia de ponerlo aquí, negro sobre blanco, me ha dado una idea… Gracias por escucharme.

 

Sigo escribiendo…

“El legado” de Blanca Miosi

ElLegado

“El legado” comienza con una premisa realmente intrigante: Poder, mucho poder, suficiente para lograr tus deseos… a cambio de no mezclar tu sangre. Esta extraña propuesta es la que hace un misterioso personaje llamado Welldone al mago de segunda Hermann Steinschneider. A partir de ahí asistiremos a cómo éste se convirtió en Erik Hanussen, vidente de Hitler y consejero del Führer y cómo lo que este personaje hizo marco a su familia.

En esta fabulosa novela Blanca Miosi se atreve con todo: desde narrarnos una completa y desgarrada saga familiar, con fuertes personajes perfectamente definidos a lo largo de varias décadas y países, a presentarnos a un Hitler humano, despojado de esa aureola del Gran Maligno que siempre rodea al personaje para presentarnos a un hombrecillo frágil, inseguro, muchas veces estúpido e incluso hasta tierno, como sin duda fue la persona real más que ese loco mesías con rasgos de supervillano que nos ha dejado la Historia.

A lo largo de esta narración conoceremos a la hija de Hanusen, como crecerá hasta ser objeto del deseo del Führer y cómo alumbrará a Sofia, lo que romperá la promesa hecha a Welldone de no mezclar su sangre con la del líder del Tercer Reich. Viviremos los cambios producidos en el mundo a lo largo de varias décadas, recorreremos la saga de la familia Hanusen, su marcha tras la caída del Reich, los convulsos años posteriores…

Y no voy a avanzar más, porque os la recomiendo, porque “El legado” es una novela muy adictiva, realmente ágil y ambientada de forma soberbia donde, presupongo, la Miosi debió hacer un ingente trabajo de pulcrísima documentación.

Para mi gusto una novela excelente, para los amantes de los otros lados de la Historia.

A la venta en Amazon.

Sigo escribiendo…

El abogado del Diablo

“Mi novela está terminada, soy un fenómeno y el Universo entero querrá leerla” hemos pensado todos al acabar un texto, peeero… Es un error como una casa de grande. No te lances a publicarla ya, espera un poco.

Empieza por desayunar un poco de tu ego de escritor y pídele a alguien que revise tu maravillosa obra. Es posible que lo que tú das por sentado sea un espantoso galimatías para un lector que no te conozca y es más que probable que se te hayan escapado unos cuantos errores ortotipográficos.

Lo segundo es fácil de corregir y es normal (e incluso saludable) que ocurra porque escribir es soltar. Y cuando uno se suelta pues se suelta como le sale. Tampoco es tan grave que una novela recién salida del horno necesite algún “canbio” o un “repasi”, máxime si tenemos en cuenta que los teclados Qwerty no se pensaron para las normas de nuestro idioma (¿Qué mente sajona puso juntas B y V y M y N?) y probablemente tú escribas lanzado, a toda velocidad.

Lo primero es más serio porque ¿Y si he metido un personaje del que desarrollo mucho una excelente presentación y luego resulta que no sale más en la trama? ¿Y si he cometido algún error y me he olvidado un dato que era vital? ¿He sembrado las pistas necesarias, pero no excesivas, para que el lector comprenda la historia que cuento sin que se sienta engañado?

Recuerdo un libro antiguo llamado “Errores de guión, cómo cometerlos mejor”, que es casi imposible de encontrar hoy en día, que hablaba de todo esto: la sensación de estafa del lector-espectador, la intervención divina arreglalotodo, el “ha sido un sueño”… Y que me hizo ver lo complicado del asunto. En caso de que os interese el tema, hay un post excelente en el blog Filmofilias.

Ante toda esta inseguridad que nos puede invadir hay una solución: los lectores Beta. Un grupo de atrevidos y encantadores seres humanos que mirarán críticamente tu obra. Deben ser escogidos siguiendo una perspectiva práctica: gente habituada a leer que no sea de tu grupo íntimo ¿Por qué? Pues porque tu madre, tu novio, tu mujer o tu primo te dirán siempre “¡Ay! ¡Qué bien que escribes!” y no serán objetivos.

Es complicado encontrar un buen grupo de lectores Beta pero tampoco es imposible: conocidos de redes sociales, expertos en el género de tu novela y todo lo contrario, amigos no muy cercanos o el típico cuñado listillo que siempre tiene la ultima palabra (Sí, conviene meter uno de estos en el grupo para ver la opinión del público que no buscas pero que puede leerte).

Resumiendo: los lectores Beta tienen que ser el abogado del Diablo.

Un último consejo: no seas condescendiente contigo mismo y, sobre todo: si tienes que explicar algo del tipo “Ya, pero es que el personaje hace no-sé-qué…” a una duda o comentario ya puedes volver a reescribirlo.

Mima a tus lectores Beta, no te enfades con los comentarios que te hagan, escúchalos siempre. Ellos harán de tu libro algo mucho mejor.

Sigo escribiendo…